Empezar como las personas normales acurrucada en ese gran sillón al lado de esa ventana que siempre permanece abierta durante el día, con la cabeza inclinada hacia un lado y las piernas encima de un reposapiés en la diagonal. Acabar al revés con las piernas donde antes estaba la cabeza, con cada gemelo apoyado en los bordes laterales marcando con leves sacudidas el ritmo de la música que suena en los disimulados auriculares blancos del iPod , el cuerpo perfectamente amoldado al sillón, con el vestido por top, dejando ver un bikini de colores y el abdomen, la cabeza colgando a medias del borde. Si algo hecho de menos de los libros de páginas de verdad, es que puedo leer al revés y no como ahora, que las páginas del iPad se giran conmigo al menor contacto....

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