sábado, 12 de octubre de 2013

Fachadas e interiores

Te tumbas de costado mirando hacia la pared. El verde pistacho estropeado por una segunda capa en cierta zona después de cambiar varias veces la disposición de la habitación. Te abrazas el torso con los brazos y recoges las piernas. La ventana está ligeramente abierta, con un palmo de la persiana subida, a pesar de eso y de la camiseta gris ajustada de tirantes, el  frío recorre la columna vertebral de arriba a abajo.
Sabes que siempre te han dicho que te ha sobrado carácter, que eras... Demasiado en ese sentido. Tu siempre respondías altanera que más valía pecar por exceso que por defecto con una sonrisa desafiante. Porque después de todo esa era mi política: paso decidido y fachada segura..
Sigues sin entender el por que de lo que paso ayer. Porque la situación se desbordaba y tu caías con ella. Temblabas y balbuceabas, sin saber bien que responder. A pesar de todo te las apañaste para huir. Vio reflejado el agobio en unos ojos excesivamente maquillados. Entraste como el lobo más feroz y saliste como la Caperucita más inocente. Estúpida cría creída.

Pareció que mantenía la calma, que dudé demasiado en decidirme pero que tenía la situación bajo control salvo en cierto punto, mi orgullo se salvó de la caza de brujas. Pero mi falta de carácter  desfilará hacia la hoguera.

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