El galope más corto que he tenido el gusto de probar, tan corto que las piernas apenas se mueven hacia delante de la silla por falta de tiempo, que una vez que consigues ponerlo al ritmo a penas haces ningún esfuerzo pero la velocidad es máxima y la sensación extrema. Hoy hace un tiempo agradable y el viento entra por los agujeros de la camiseta rozando la piel desnuda del abdomen. La crin caoba de Azafrán se enmaraña y se le desliza por el otro lado del cuello. La voz y el toque de la pierna van acorde con sus pasos.

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