-¿os aclaráis con la ropa?
-a ver, ¿esto te parece bien?
-no, demasiado colorido
- Celia, que no tengo otra cosa
-anda, dame, ten los vaqueros, y ahora te traigo uno de mis sueters
Me enfrento yo a mi armario y rebusco entre los cajones el pantalón negro y la americana. Acabo bastante antes que el resto lo que me da desgraciadamente tiempo para pensar y es como si mis ojos, ya secos por las lágrimas de ayer, se volviesen a llenar y otra vez a empezar... Si, no ha sido un mal sueño, está muerta, vas a ir a su casa y ella va a estar en una caja lejos de ahí.... Mi padre, el siempre intránsigente con los lágrimas y los signos de debilidad, no me dice nada, lo comprende, lo entiende, aunque no lo comparta y ya se desde un principio que no va a venir a darme un abrazo para consolarme
Una vez en el coche, mi hermano se pone reggaeton en los cascos y divaga con la vista perdida en las montañas, hace frío y la niebla besa la punta de las montañas, yo tengo un auricular puesto con una canción que me pasó Dani hace mucho pero que ignore en su momento, acallo los lloros para hacerlos silenciosos pero tanto espejo no podía ser bueno, no consigo pasar desapercibida. Me pone música para animarme " morir por tí sería un bello y lento final", se da cuenta de que no es lo más adecuado y cambia " mi epitafio con sangre escribiré y desde el agujero con buen vino os diré adiós" " aqui nací y en esta tierra moriré" vuelve a pasar lo mismo, que suerte tengo, y me pone rebobinando el viejo cassete "eye in the sky", me gusta pero teniendo en cuenta que escuche durante horas seguidas esa canción ayer no se me va a quedar un buen recuerdo de ella. Intenta animarme por las palabras pero no hay forma, salen diversos temas
-tu abuela te estará viendo desde un lado mejor, prometele que vas a ser algo grande en tu vida
-está muerta, no hay nada, ya no está y no me puede ver
-ya tengo claro que voy a poner en mi lápida cuando muera
-Celia, delante mía no vuelvas a mencionar algo así
-La abuela quería que la enterráramos con sus padres
-yo cuando me muera, me da igual lo que hagáis conmigo, como si me tiráis al contenedor pero quiero veros colocados de algo grande en esta vida
-papá, habla con Bea, dile que como me diga algo, cualquier cosa, ofensiva, sobre mi, mi familia, mi genética o mi padre le empujo al agujero.
El viaje no es para nada tranquilo, cada vez que me acerco más a Alcoy, la recuerdo más, y lloro. Al entrar en el pueblo me fijo por primera vez que alguien ha tachado la Y y ha puesto detrás HOL, que graciosos... Aparcamos bastante lejos y por un momento me siento desorientada pero luego vuelvo a acordarme, desde que subimos... Subíamos a ver a mi abuela aparcaba lejos. Aunque siempre lo he visto de noche. Es un paisaje extraño: hileras de edificios de dos plantas de la guerra civil más o menos, pero sólo quedan las fachadas descarilladas de un color apagado, por detrás una extraña maleza civilizada se ha apoderado de todo el espacio pero respetando las fronteras marcadas por las persianas de madera y los barrotes de los balcones. Desde aquí se puede ver el puente, el corazón de Alcoy junto a la plaza de España, pero para mí, el corazón de esta ciudad es uno que ha dejado de latir hace unas horas y que permanece frío. Voy caminando sola por delante pero en cuanto llego al cruce freno, su calle, esa calle, me niego a hacerlo sola, no puedo, así que espero nerviosa a que lleguen los otro dos que van comentando algo de fútbol como siempre...
Al llegar a la altura de su portal, me vuelvo a echar atrás, me veo incapaz de pulsar el timbre que hay al lado de la etiqueta de "F. CANTÓ I. COLOMA", mi padre llama y la voz de mi madre contesta
Dos pisos después, me lanzo a sus brazos y me responde con un beso, a mi abuelo, la verdad es que no se como saludarle, me decido por un abrazo. Veo en en frente de la puerta del baño ese cuadró de un payaso triste que hizo hace tantos años atrás. De pequeña me daba tanto miedo, que mi abuela decidió quitarlo de la circulación metiéndolo en el cuarto de los trastos y cambiándolo por uno también suyo de un caballo mientras yo estuviera en su casa. Desde el 7 de septiembre, ese cuadro no se había movido del sitio ni siquiera en mi presencia, eso me entristece aún más , así que me acerco a examinarlo mientras mi familia se va a instalar al salón, la verdad es que para ser un payaso son unos colores muy tristes. Antes de reunirme con el resto también quiero ver su casita de muñecas, un armario de 2 metros más o menos con ocho habitaciones perfectamente colocadas. Tal y como ella los dejo. Cuando llego al salón ya me duelen los ojos, ¿alguna vez te han llegado a doler los ojos por las lágrimas? A mi nunca, es la primera vez, me escuecen, me pican y me molestan. Están cada uno en su sitio, mi sitio lo ocupa su bolso morado, el último que utilizó. El otro sitio libre es su gran sillón verde azulado con los dos cojines verde oscuro, el cable del oxígeno sigue a un lado, la vi ahí por última vez, ella sigue sentada ahí, lo siento pero no puedo sentarme ahí, es su sitio. Y espero de pie por el balcón, nuestro balcón, a la derecha está el taburete de tres patas que utilizaba yo de mesita de noche cuando venía y que durante el día era para poner las bolsas de confeti que tirábamos en fiestas. Encima de la mesa aún están sus gafas de cerca de montura metálica roja, su abanico blanco, su cuadernillo con su letra y su bolígrafo ( no se cuantos años tendrá ya...), su cacao de moras,... Además de dos ficheros de seguros, una tarjetita de "J. Payá", papeles con firmas, y una copia de su DNI. Mi madre me desliza por encima una estampita de San Jorge, al abrirla en la parte izquierda leo el padre nuestro que prefiero obviar y a la derecha la información. Empieza por un pomposo "Rogad a Dios confiadamente por el alma de" luego en grande su nombre completo, seguido por su edad y la fecha de su fallecimiento en negrita... Lo sigue la larga lista de los "apenados" donde localizo mi nombre entre el de mi padre y el de mi hermano. Acaba explicando que la misa será en la parroquia de San Maura, sitio donde se casaron mis abuelos y donde me bauticé yo, porque si, aparte de mi abuela, he perdido a mi madrina...
Salimos y de camino por primera vez en mi vida real veo un coche funerario...
-¿papá, es...?
-no, cariño, tu abuela ya esta aparcada en frente de la iglesia
Una vez en la iglesia, lo veo llena de gente, mi tío me guiña un ojo para darme fuerzas y animarme pero no sirve de mucho. De repente, descargan del coche entre seis hombres, de los cuales no conocía a ninguno todo hay que decirlo, un atáud pequeño, con una cerradura dorada en la parte izquierda y un Cristo crucificado encima. Y ahí está.... Todo... Me quedo paralizada. El ataúd es del tamaño casi de un niño, insignificante, quieto. Me aterra... Eso no es ella, pero si, ella esta muerta. Se me escapa un pequeño gritito, parecido a una aspiración de aire, no puedo quitarle los ojos de encima mientras lo meten en la iglesia, mi abuela me agarra de los hombres y me guía dentro de la iglesia, siguiendo a la caja. Los seis familiares nos ponemos en un extremo. Mi tío, que se ha encargado de la organización de este evento al milímetro se ocupa de explicarnos por donde tenemos que ir y lo que tenemos que hacer. Cuando el féretro avanza sobre la mesa, mis padres, mi abuelo, mi hermano y mi tío lo siguen. Tres segundos después los sigo... Están siendo muy fuertes, ninguno llora,...menos yo, si mi abuela estuviera en vida y otra persona ocupara su lugar seguro que ella también lloraría, como cuando veníamos una película Disney y alguien moría, siempre hemos sido las "blanditas"
Nos ponemos en primera fila. La última vez que fui a misa... No la recuerdo... Se que fue con mi abuela... Pero ya no me acuerdo ni de santiguarme. Al cura no se le puede reprochar nada, conocía a mi abuela y sentía también su pérdida. Pero a pesar de todo no podía envitar que se me hinchará la vena por las cosas que decía. Al principio intentaba evadirme leyendo cualquier inscripción , buscando grietas en las paredes blancas o contando las flores de los Ramos pero no lo conseguía, la vista se me perdía en la cerradura del ataúd. La misa era corta, de media hora pero me ha parecido una eternidad.
-no está muerta, estará siempre viva, resucitará
(Ella está muerta, no dices más que chorradas)
-ahora está en el cielo
( no, no, ahora simplemente no existe, porque ella esta muerta)
-se que es difícil creer cuando sólo se puede ver el ataúd (me lanza una mirada significativa) pero si tenéis fe ella estará salvada
( no la salvara nadie ya, porque está muerta, tonterías tonterías y tonterías)
Ha hecho incluso un chiste de humor negro que le ha sacado una sonrisa hasta a mi madre, pero lo siento en el alma, con mi abuela de cuerpo presente, no puedo reírme sobre cual de sus hermanas será la siguiente, lo veo de muy mal gusto.
-Celia, ¿cómo vas?
-papá, pídeme que vea mil funerales, iré al tanatorio a lo que quieras, pero por favor, no me pidas, no otra vez que vaya a una misa de estas. Si había un mínimo de posibilidades que me creyera la historia de que hay algo ahí arriba, con esto se han esfumado, no se puede hablar de la muerte de alguien leyendo cuatro veces la misma carta
-Celia, tienes que creer
-¿qué estás diciendo, Carlos?
-me quedan 16 entierros y si quiero ahorrar espacio y tiempo tendré que enterraros juntos así que me conviene que creas
-Carlos...
- siempre podré tirar tus cenizas por tu despacho ( otro que se cree que soy adicta al trabajo)
La misa acaba y seguimos al ataúd hasta la puerta de la iglesia, donde nos paramos, la gente se acerca en masa a abrazarnos y darnos el pésame y de repente me veo sola entre un montón de gente. Mi abuela me rescata de ahí y me abraza. Bea me coge aparte y me dice que debería ser fuerte por mi madre y que no lo estoy siendo y me dan ganas de decirle algo terrible pero me muerdo la lengua.
Uno a uno, todos me abrazan, me dicen que tengo que ser fuerte, me dan ánimos, me dicen que están para lo que quiera. Ha venido mucha gente, poca segun mi madre en comparación a la cantidad de gente que fue al tanatorio, pero siempre me lo han dicho mi abuela era alguien importante en Alcoy, tenían una casa en la plaza de España, no digo más. No conozco a la gran mayoría, hay algunos amigos, pocos según mi abuelo que dicen que ya han muerto muchos, todas las primas, las sobrinas y mis primos segundos.
- Celia, acabo de ver al sobrino de tu abuelo, es clavado a ti y tiene tu edad, sois igual de caras
-¿tiene un sobrino?
-si, ese
-ah, Eloy, no, es primo segundo mío, ya no se quien son sus padres estoy un poco perdida con tanto árbol genealógico, es un chico guapo, me anima pensar que dices que me parezco a el
Fuera mis abuelos se ofrecen a llevarme con ellos al cementerio, y de camino al parking nos da alcance una señora mayor con un tinte rubio platino y unos pendiente grises enormes, y nos pide si podemos llevarla con nosotros, que era íntima íntima de mi abuela, ha sido casi hasta gracioso cuando me ha preguntado a mi mirándome con desprecio "¿y tu quien eres? ¿Amiga de Macu?"
Respuesta mental: oh si, somos de la misma quinta, me pasaba todos los domingos jugando al bingo con ella
Respuesta real: no, soy su nieta
Durante todo el viaje, me cuenta anécdotas suyas de lo amigas amiguísimas que eran, luego me he enterado de que a esa mujer se la conocía como la "loca", mi abuela la odiaba, y todas sus hermanas también, y que ha venido aquí por error.
De camino veo una gran vitrina de una tienda que pone encima "J.Payá"... Por un momento había pensado que la tarjeta era de algún restaurante o algo que traían comida a domicilio... Por un momento... Venden lápidas...
Aparcamos en el cementerio y veo los grandes muros que lo rodean, es una cosa que nunca entenderé, nadie quiere entrar y los que están dentro no pueden salir, mi abuela me recuerda que hay bandas especializadas en robar hasta los dientes de los cadáveres. El cementerio tiene hasta visitas guiadas por su "parte artística", las esculturas muestran bien el modernismo.
Mi madre ha pedido que destapen a su madre, que querría verla, la "loca" se ha abalanzado la primera como quien espera que abran las tiendas en rebajas y ha gritado entusiasmada "la destapan".
-Celia, si quieres verla esta es tu última oportunidad de verla, sólo te digo que yo a mi madre me negué a verla y tengo un recuerdo muy alegre de ella, en cambio a mi padre y a mi hermano solo les veo metidos dentro de la caja y muertos
Mi llanto que había sido constante de repente se intensifica y se vuelve a hacer sonoro.
No se sí lo he decidido yo o que ha sido pero no voy a verla.
Mientras mi madre esta a solas con la suya, las primas de mi abuela se me acercan a presentarse, a decirme lo guapa que soy y lo mucho que hablaba mi abuela de mi, que era mono temática y que no paraba de presumir de mi, que decía que yo era un talento además de un encanto.
Les pido perdón y me retiro a llorar más tranquila, mi hermano se me acerca con un deje de pelusilla en la voz "yo en este pueblo es como si no existiera, sólo hablan de ti"
Y de repente veo una ardilla, a hasta este verano nunca había visto una y durante todo agosto mi abuela me decía todos los días que había visto muchas ardillas y que se había acordado de mi. Se me olvido decirle que al final vi una de camino al colegio...
Amparo, la hermana de mi abuela, me propone dar una vuelta por el cementerio.
Las esculturas son enormes, algunas incluso monstruosas, Carbonell, él mismo que hizo el edificio Carbonell en Alicante, tiene un gran ángel blanco. Cerca está un crucifijo gigantesco con una inscripción que pone Domenech y unas puertas con "D.O.M." marcado que abren el suelo y dejan ver unas escaleras hacia abajo donde hay muchísimas tumbas. Es una nueva para mi saber que estamos en la parte noble del cementerio. Me dirijo al panteón número 4, la familia Coloma, es una sala que tiene tres pisos de tumbas a cada lado y en medio un altar, veo la tumba de Luisa Domenech y de Alfonso Cantó "muerto por Dios y por España" como dicta su epitafio. La puerta esta cerrada con un candado, en mitad de la sala hay tres bolsas de basura con los nombres de antepasados míos marcados con rotulador permanente... Sus huesos. A la derecha, abajo hay un hueco vacío.
Otro comentario poco afortunado de mi hermano:
-realmente tenían dinero ¿a mí que me han dejado?
-¿y a ella? Tan sólo un agujero, si insistes tanto creo que te podrán hacer hueco.
Cuando llega todo el mundo me alejo, mi abuela me sigue
Descargan el ataúd, lo introducen en el agujero y ponen encima las bolsas de huesos y lo sellan con una pistola de pegamente, en lugar de un lápida, un papel forrado plastificado, con su nombre, apellidos y fechas
-¿qué han hecho?
-es tan sólo temporal, unos años solo hasta que sólo sean huesos, aunque suene cruel es así, cada vez necesitan menos hueco
Palabras se me amontonan en la mente: vulgaridad, profanación, mal hecho, apaño, retoque,...
Algo que para mi es sagrada, el cuerpo del muerto y me aseguran de adelanto que acabará en una bolsa de basura ... No debería ponerme como me pongo, puesto que es una cáscara vacía pero me da igual.
-Celia, es lo que tu abuela quería, estar con sus padres, aquí esta el espíritu de toda la familia
-aquí sólo hay huesos
Con más llantos de mi parte, susurro "que la tierra sea ligera sobre ti" y cierran la puerta.
Volvemos a casa de mi abuelo a hacerle un poco de compañía, hay un momento en el que me empiezo a dormir, medio inconsciente oigo la voz de mi padre " está muerta" y me levanto girandome hacia al sofá esperando ver a mi abuela... Pero está vacío, si, está muerta, y el se refería a que yo estaba muy cansada. Los llantos que habían parado vuelven a empezar otra vez.
Una vez en mi casa, sigo en mi cama llorando, los ojos me duelen aún más y las gafas están imposibles, manchadas por una película muy fina de sal que me impiden ver con nitidez, mis padres se turnan para entrar en mi habitación y decirme que deje de llorar, mi madre incluso me llega a decir que si tiene que espabilarme lo hará.
Unas horas después, parece que han parado los espamos y que puedo leer la pantalla más claramente. Se me han acabado las lágrimas, ya no quedan.
A estas alturas, han vuelto a empezar. Y lo único que puede pararlos es que mi abuela esté ahora mismo durmiendo plácidamente en Alcoy,... Es como si hubiese sido todo una pesadilla, pero un sueño después de todo, y acabará de despertarme, como si todo siguiera igual y nada de esto hubiera pasado, como si no estuviese enferma...
Como me arrepiento ahora de todo lo que no hice... Como te quiero abuela, no te lo dije el sábado pero tu ya lo sabías. Te quiero muchísimo, ahora y siempre.

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